Volatilidad: La sensación de adrenalina que nos aprieta el estómago

Ana Carrisso | Fidelity

Directora asociada de ventas, Fidelity International
Licenciada en Comercio y Administración de Empresas por LCCI, Ana Carrisso se incorporó al equipo de Fidelity International Iberia en 1998, donde ha desarrollado toda su carrera en el sector de la gestión de activos.

Diciembre de 2025 por Ana Carrisso

Si fuera posible definir el año 2025 con una sola palabra, probablemente sería: volátil. En lo que va de año, los mercados han vivido numerosas sorpresas, la mayoría de ellas negativas: ya en enero, una IA procedente de China llamada Deepseek provocó un colapso en las grandes empresas tecnológicas estadounidenses asociadas a esta tendencia, como Microsoft o NVIDIA. Esta última se desplomó un 17% en la bolsa (la mayor caída en un solo día en la historia de Wall Street), perdiendo 600.000 millones de dólares en esa sesión.

En abril, Donald Trump anunció una política comercial mucho más dura de lo que nadie había anticipado, ni siquiera sus socios comerciales, y todos los mercados bursátiles cayeron simultáneamente, por haber pecado de exceso de optimismo. Las obligaciones emitidas por el Tesoro de Estados Unidos también cayeron bruscamente, un hecho destacable, dado que esta referencia no suele registrar fluctuaciones tan agresivas, más propias de las bolsas. Además, el dólar se desplomó y registró su peor inicio de año desde 1973.

Las sucesivas negociaciones trajeron nuevos picos de volatilidad a lo largo del verano y, aun así, las bolsas lograron recuperarse alrededor de un 30% desde su punto más bajo, en el caso de EE.UU., cuyo principal índice bursátil, el S&P 500, volvió a alcanzar máximos históricos.

En los últimos días, también hemos comenzado a observar un fuerte aumento en la volatilidad en otros mercados, especialmente de la plata, a precios no vistos desde 1980, y de las criptomonedas como bitcoin o ethereum. Las razones que hay detrás de este comportamiento frenético, que aún se están analizando en el momento de escribir estas líneas, van desde el aumento del riesgo geopolítico hasta la creciente desconfianza respecto al rumbo de la economía global, que está dirigiendo a los inversores hacia activos refugio (siendo el oro el activo refugio por excelencia), pero también como reacción a la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos de bajar los tipos de interés.

Volatilidad: es como montar en una montaña rusa.

Aquellos que han estado en los mercados durante mucho tiempo a menudo utilizan la imagen de una montaña rusa como analogía del comportamiento de la volatilidad. Es cierto que los mercados a veces están al alza y otras veces a la baja; la volatilidad surge cuando hay subidas y bajadas abruptas en un corto periodo de tiempo, generando en los inversores esa sensación de que nos aprieta el estómago cuando subimos en una de esas atracciones.

Ahora bien, si quisiéramos ser rigurosos, ¿Cómo podríamos definir la volatilidad? En matemáticas financieras, la volatilidad es una medida estadística que describe la frecuencia e intensidad de las variaciones en el precio que registra un activo financiero, un mercado, un fondo, un índice u otras variables, como los tipos de cambio o los tipos de interés. Lo más importante que hay que saber sobre la volatilidad es que se considera un indicador del riesgo asociado a un instrumento: cuanto mayor sea la volatilidad, mayor será la incertidumbre en torno a ese activo y, en consecuencia, mayor será el riesgo.

Uno de los indicadores más populares para medir estas fluctuaciones en los precios, en este caso en las bolsas, es el índice VIX. También se le conoce como el "índice del miedo", y con razón: sus tres mayores picos en este siglo ocurrieron en 2009 (crisis financiera mundial), en 2020 (pandemia de Covid) y el pasado abril, durante el llamado Día de la Liberación, en el que Trump presentó su estrategia arancelaria.

Llegados a este punto, quizás el lector llegue a la conclusión de que la volatilidad es, de hecho, algo malo. Pero no tiene por qué ser así. Es cierto que a los mercados no les gusta la incertidumbre. Cuando hay sorpresas, entra en acción la adrenalina, esa sensación que nos aprieta el estómago. Sin embargo, también es cierto que la volatilidad crea oportunidades: por ejemplo, puede penalizar injustamente a empresas con modelos de negocio sólidos simplemente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Como gestores activos, nuestra tarea es identificar esas oportunidades y aprovecharlas en beneficio de nuestros clientes.