El Nuevo Orden Económico Internacional: Cómo Trump, China y la inteligencia artificial están configurando un escenario «Ricitos de Oro» para 2026

Luís Sancho | BBVA

Responsable de Inversiones, BBVA
Luís Sancho es licenciado en Economía por la Nova SBE y a lo largo de su amplia trayectoria profesional ha desempeñado diferentes funciones, sobre todo en el área de gestión de activos, donde acumula una experiencia de más de veinte años.

Diciembre de 2025 por Luís Sancho.

La implementación de la agenda de Donald Trump marcó una nueva etapa en las relaciones políticas, estratégicas y económicas donde las “viejas alianzas” han perdido relevancia y han ganado protagonismo las relaciones bilaterales desequilibradas a favor de la parte más fuerte. Curiosamente, aunque probablemente solo China esté en posición de desafiar a Estados Unidos en igualdad de condiciones, el resto del mundo se ha adaptado bien. En una mezcla de pragmatismo y servilismo, los distintos interlocutores han logrado llegar a acuerdos que han permitido que la economía mundial continúe en el camino, aunque débil, del crecimiento económico minimizando, sorprendentemente, los efectos de la escalada arancelaria impuesta por la Administración estadounidense.

En este contexto, creemos que los efectos inflacionistas derivados de la introducción de los aranceles no serán tan pronunciados como se preveía inicialmente, aunque se espera que a lo largo de 2026 parte del incremento de los precios derivado de estas medidas se repercuta sobre el consumidor final.

Curiosamente, el debilitamiento del mercado laboral estadounidense, en esta etapa, podría estar más relacionado con la integración de la inteligencia artificial en la organización de los procesos productivos, lo que ha provocado una disminución de la demanda de trabajadores por parte de las empresas. Esto por sí solo podría aliviar la presión ascendente sobre los salarios y abrir espacio para que la Fed recorte los tipos de interés. Nos parece razonable admitir que la economía estadounidense podría crecer a niveles similares a los de 2025, en torno al 1,8%.

La eurozona no dejará de sufrir, especialmente su sector manufacturero, con el aumento de los aranceles de Estados Unidos y una competencia cada vez más feroz por parte de China. Aun así, y dependiendo en gran medida del tan esperado ciclo virtuoso de inversiones para dar repuesta a los desafíos de la defensa y la independencia/transición energética, podría acabar sorprendiendo con un crecimiento ligeramente superior al de 2025, en torno al 1,3%. El propio BCE, bastante liberado de las preocupaciones inflacionarias, podría, si fuera necesario, aplicar más recortes en los tipos de interés para impulsar el ciclo económico.

China seguirá teniendo dificultades para alcanzar el objetivo del 5% fijado por sus autoridades. De hecho, las cicatrices dejadas por la crisis de la vivienda, sumada a una pirámide demográfica que empieza a ejercer una seria presión sobre el segmento de la población disponible para trabajar, son desafíos complicados para los cuales ha sido difícil encontrar una solución sostenible. El exceso de capacidad resultante de la introducción de aranceles también podría afectar negativamente a su fenomenal industria manufacturera, aunque seguimos observando el rápido desarrollo de industrias en las que China ha tomado la delantera, como es el caso de los vehículos eléctricos. En nuestras proyecciones apuntamos a un crecimiento del 4,2%, lo que no dejaría de ser el ritmo más lento de los últimos años. Probablemente, una fuerte reorientación hacia las dinámicas del consumo interno podría ser la clave para poner a China en una nueva senda de crecimiento más sólido.

Como era de esperar, nuestro escenario para 2026 presenta una línea de continuidad, donde volvemos al escenario de "goldilocks" (ritmos de crecimiento económico moderados e inflación relativamente contenida). Sin embargo, el fuerte entusiasmo en torno a la revalorización de las acciones del sector tecnológico, sobre todo, aquellas más estrechamente vinculadas a la IA, podría provocar mayores niveles de volatilidad. Aunque reconocemos que el atractivo relativo de las obligaciones en el segmento Investment Grade ha disminuido, seguimos pensando que los valores de los cupones aún existentes compensan la permanencia en este tipo de inversión.

También mantenemos la opinión de que el nuevo ciclo de inversiones proyectado para Europa puede seguir potenciando la revalorización de muchas compañías que están expuestas a él, como es el caso de los sectores financiero e industrial. Parte de este razonamiento también sigue respaldando nuestra apuesta direccional de mayor exposición a la divisa euro frente al dólar.

Reiteramos que los riesgos que nosotros identificamos a principios de año han cobrado fuerza y ​​que un mundo global en modo expansionista podría llevar a un deterioro presupuestario significativo en regiones como EE.UU., Francia y el Reino Unido. Los gastos corrientes son excesivos en Francia y la falta de voluntad y coordinación política son un obstáculo para cualquier tipo de consolidación presupuestaria que, en realidad, no debería ser demasiado difícil de lograr. El plan de la administración Trump de financiar la reducción de impuestos con los ingresos arancelarios es audaz, pero depende de la elasticidad precio-demanda (o la falta de ella) de los productos importados para mantener el nivel de ingresos deseado y desencadenar un ciclo de crecimiento fuerte con el impulso fiscal resultante del recorte de impuestos, ya que la necesidad de emitir deuda con plazos más largos actualmente choca con tasas reales demasiado altas. Por último, el Reino Unido demuestra voluntad de actuar, aunque con mucha indecisión sobre cuál es la combinación apropiada de aumento de impuestos que pueda presentar cierto grado de credibilidad ante los inversores.

2025 fue un año en el que los inversores en obligaciones vieron como los países emergentes daban lecciones de consolidación fiscal frente a sus homólogos desarrollados, una tendencia que se podría mantener en 2026, premiando a esta clase de activos con mayores niveles de rentabilidad.

Ante la situación expuesta, en la que nos encontramos de nuevo ante un escenario de "goldilocks", y que seguirá contando con la contribución de varios de los principales bancos centrales en el sentido de flexibilizar su política monetaria, creemos que los fondos de inversión que combinan el universo de obligaciones con el universo de acciones son opciones bastante válidas para 2026.