Abril de 2025 por Mario Pires
Poco después de que se imponga una disrupción tecnológica, resulta difícil imaginar cómo era la vida sin ella. Así ocurrió con el teléfono o el automóvil en el siglo XIX. Fue así con internet, que nos abrió el mundo en el siglo XX, e incluso con internet móvil hace poco más de 20 años.
Las transformaciones provocadas por la integración de la Inteligencia Artificial (IA) en la era digital no son una excepción y, aunque no ha pasado suficiente tiempo para comprender todos sus impactos, el mundo tras esta disrupción ya no es el mismo. Al igual que el teléfono, los coches o los aviones desempeñaron un papel transformador en la sociedad, las economías y su productividad, las innovaciones tecnológicas derivadas de la IA son ya un factor crítico de éxito.
La forma en que se están rediseñando los modelos de negocio está transformando profundamente la actividad empresarial y este cambio es visible en una gran variedad de ámbitos: en las cadenas de distribución, gestionadas ahora por sistemas predictivos que analizan los datos en tiempo real para optimizar la logística y minimizar las interrupciones; en los mercados financieros, impulsados por algoritmos de negociación y modelos de riesgo avanzados; en el comercio minorista y los servicios, donde personalizar la experiencia del consumidor ya no es una opción.
La IA, junto con la automatización inteligente, el análisis avanzado de datos y los algoritmos de aprendizaje automático, está llevando esta disrupción a todos los ámbitos que podamos imaginar, desde la optimización de la producción agrícola hasta las soluciones sanitarias. Y en todos ellos también se están demandando nuevas cualificaciones profesionales. Basta con ver algunos ejemplos:
En prácticamente todos los ámbitos, las soluciones basadas en la IA ya están automatizando procesos, anticipando tendencias, reduciendo ineficiencias y costes, respaldando la toma de decisiones, personalizando la experiencia del cliente y promoviendo más innovación. Y si, por un lado, la IA requiere altos niveles de energía, por otro, puede ayudar a compensarlos respaldando un uso más eficiente de los recursos, lo que reduce los residuos y aumenta la circularidad y las sinergias.
Las empresas que, a principios del siglo pasado, prefirieron seguir viajando a caballo que en coche, no han pasado a la historia. Para formar parte de este nuevo capítulo, la capacidad de adaptarse e innovar a estos nuevos motores de la economía es fundamental. Ellas dictarán la competitividad de nuestras empresas, de nuestras economías y de cada uno de nosotros.