Carteras resilientes para un volátil 2026
Mário Pires | Schroders
En este cargo, Mário Pires es el responsable de velar por los intereses y las necesidades de los clientes intermediarios e institucionales en Portugal, así como por el crecimiento del negocio en la región.
Diciembre de 2025 por Mario Pires
Durante décadas, los inversores han equilibrado en sus carteras el potencial de crecimiento de las acciones y la estabilidad de las obligaciones. La asignación 60/40 (60% en acciones, 40% en obligaciones) fue una estrategia clásica durante esa era de retornos compensadores y correlación baja (o negativa) entre estas dos clases de activos.
Sin embargo, desde 2022, la combinación de inflación persistente, tipos de interés más altos, aumento de los precios de las materias primas y tensiones geopolíticas ha llevado al aumento significativo de la volatilidad de las obligaciones, que han pasado a tener una alta correlación con las acciones y han dejado de ser el tradicional "puerto seguro".
Las antiguas suposiciones ya no funcionan. La época en la que vivimos ya no es la misma y los factores estructurales que han provocado este cambio se mantendrán en 2026 y en los próximos años. Entre ellos están, por ejemplo:
- Deuda pública récord • Los altos niveles de deuda pública, especialmente en las economías desarrolladas, aumentan la incertidumbre en los mercados obligacionistas;
- Envejecimiento de la población • Más preocupante en las economías desarrolladas, se extiende a algunas emergentes, con una reducción de la población activa y un aumento de la presión sobre el gasto público;
- Tipos de interés persistentemente altos • La escasez de mano de obra y las bajas tasas de desempleo, los aranceles comerciales, las persistentes limitaciones en la cadena de suministro, la desglobalización y los costes de la transición energética tienden a mantener la inflación por encima de la media histórica, impidiendo un retorno a las tasas cero.
Tres principios fundamentales para invertir en 2026. En esta nueva era marcada por un crecimiento lento y una inflación persistente, crear carteras diversificadas y resilientes requiere un nuevo enfoque, basado en tres principios fundamentales:
1. El nuevo papel de las obligaciones:rendimiento
Las obligaciones todavía tienen un lugar en las carteras de inversión, pero ya no sirven como protección contra las caídas de los mercados bursátiles. Deben ser vistas principalmente como una fuente de ingresos y requieren una selección y gestión prudentes: aunque algunas tengan tasas de rentabilidad altas en comparación con períodos anteriores, pueden no compensar en términos de volatilidad.
Los inversores necesitan identificar oportunidades en todo el espectro de la deuda, tanto pública como privada –desde bonos corporativos hasta títulos garantizados por hipotecas– para obtener alternativas de rentabilidad más estables y menos correlacionadas con los mercados tradicionales.
2. El papel fundamental de la gestión activa
En períodos de mayor volatilidad, el rendimiento de las acciones depende menos de factores macroeconómicos y más de los microfactores relacionados con los fundamentos específicos de cada empresa.
Conocer la realidad de las empresas (la sostenibilidad de sus beneficios, la disciplina inversora de su equipo de gestión, las ventajas competitivas que las diferencian) se convierte en un factor central, y de él dependerá la capacidad de realizar una asignación selectiva. Esta capacidad de análisis, selección y gestión activa ofrece ventajas, frente a la asignación pasiva, a la hora de identificar empresas con mejores condiciones para generar valor.
3. Mayor amplitud de diversificación en activos alternativos y privados
La incorporación de diferentes clases de activos alternativos y privados en las carteras proporciona a los inversores distintos grados de diversificación y descorrelación, que no son posibles en las clases tradicionales.
Las materias primas, los hedge funds, el capital privado y la deuda privada son ejemplos de clases de activos con factores de retorno y perfiles de riesgo muy diferentes entre sí, y en comparación con los activos tradicionales. El oro, activos de infraestructuras renovables o los valores indexados a seguros (como los cat bonds o bonos de catástrofe) son ejemplos de este universo de diferenciación.
Muchos de estos activos tienden a comportarse bien en períodos de turbulencia en los mercados bursátiles, algunos tienen mecanismos de protección contra la inflación y otros pueden, incluso, generar rendimiento en momentos en los que los mercados están a la baja.
Las condiciones actuales sugieren que es probable que se mantenga la alta dispersión de retornos dentro de las diferentes clases de activos, lo que favorece un enfoque activo y selectivo, en el que son cruciales el análisis continuo y la identificación cuidadosa de empresas, valores, sectores y regiones. La flexibilidad, la diversificación inteligente y la competencia analítica serán, por tanto, atributos clave para lograr carteras más resilientes y mejor preparadas para navegar por la volatilidad que nos espera en 2026.